miércoles, 19 de abril de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE. 14 DE ABRIL.

Es imposible transmitir la emoción que uno siente cuando escucha cantar “Amunt Valencia” en los confines de un país, Etiopía, por un grupo de cerca de cincuenta niñas y jóvenes ataviadas con camiseta y escudo de nuestro Valencia.
Hacía algunos años que, estando en ese país, vibramos con el triunfo de nuestro Valencia en Málaga que nos convirtió en campeones de la mejor liga del mundo. Al poco, y ejecutando un programa financiado por la Generalitat Valenciana para tratar de reducir y hasta lo posible erradicar la mutilación femenina, visitamos a la lideresa, Bogalech Gebre, que había hecho real lo que parecía un milagro: 1.900.000 mujeres y niñas de toda la comarca de Kembatta se habían rebelado contra la mutilación y se sentían felices. Cinco siglos antes, Quevedo dejó escrito "uno a uno todos somos mortales,  juntos somos eternos". Eso llegamos a pensar con el resultado de un trabajo bien hecho.
El 73% de las mujeres y niñas del país sufrían prácticas dañinas a su integridad y libertad en forma de mutilación genital o de secuestro y al menos una cuarta parte de ellas perdía la vida. Este es un país con más de cuarenta y cinco etnias lenguas, historia, valores culturales y estructuras sociales diferentes, que se cuenta entre los diez países más pobres del mundo y donde el 80% no llega a disponer de dos euros al día para sobrevivir.
Y no sólo reforzamos el trabajo de una mujer, " luz esplendorosa" como se traduce su nombre del amárico, sino que, acompañando a la “Fundación por la Justicia”, le ofrecimos otro instrumento de recuperación de su propia autoestima, la que cualquier valencianista tiene cuando descubre los colores y su escudo sobre pechos que sienten que merece la pena trabajar por valores irrenunciables.
En ese país -como en tantos otros- con frecuencia nos conformamos haciendo preguntas o resaltando contradicciones, sin aportar soluciones ni respuestas y, mientras tanto, se masacra, se mutila a mujeres y niñas, se tortura, se expulsa por la fuerza, se alega la soberanía nacional y se cuenta con la pasividad internacional para alejar de nuestra vista a quienes nos resultan incómodos.
En esta Penya Valencianista per la Solidaritat seguimos pensando que, mientras se logra la perfección de la utopía -ese mundo perfecto que nos siguen prometiendo algunos insensatos de este siglo-, hay que ir tirando, a golpe de contradicción y de lágrimas, de pequeños signos y reducidas esperanzas, haciendo lo que se puede, que siempre es más que lo posible. El compromiso con los derechos de otros y la justicia sin desigualdades a nadie asegura la eternidad, pero podemos asegurar que prolonga muchas vidas con dignidad.

Para la Penya Valencianista per la Solidaritat resulta emocionante admirar a tantas niñas, adolescentes y mujeres que han sido capaces de quedarse íntegras, enfrentarse a quienes querían cortarlas, vestirse y presumir del escudo de nuestro Valencia, con el que por fin pueden reír y jugar, ser y repartirse. La exhibición portando ramos de su tierra y sus raíces nos hizo sentir la emoción de haber ganado otra liga y para siempre: “Amunt, València a la victoria. Amunt, tots junts vencerem. Amunt, ens espera la glòria… És un sentiment…que mai es rendix, que mai es doblega”.

domingo, 2 de abril de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE 31 DE MARZO.


Soy Lucía. Era el curso escolar 2005-2006  cuando llevé a cabo el proyecto “Todos a la escuela” en la escuela de primaria Ginjo en la ciudad de Jima, en Etiopía, gracias a la colaboración de la Penya Valencianista per la Solidaritat, a los que conseguimos contagiar la ilusión por convertir la escuela en un mejor lugar para aprender y socializar. Una breve reunión con José María Tomas y Raúl Celda fue el comienzo de una fructífera colaboración que continuó a mi vuelta a España. A pesar de que han pasado once años desde entonces, todavía siguen vivas en mi memoria las muestras de agradecimiento y cariño de toda la comunidad educativa, sobre todo las sonrisas de los niños.
Entre los más de 2.000 niños que estudiaban en la escuela había un alto porcentaje de huérfanos, niños que habían perdido a sus padres a causa del SIDA, de la guerra o simplemente de enfermedades para las cuales no habían podido acceder a la atención médica adecuada. El proyecto “Todos a la escuela” se centró en estos cien niños y niñas, muchos de los cuales acudían a clase sin haber desayunado y que estaban agotados después de un largo camino recorrido desde sus aldeas. Durante el curso escolar, los beneficiarios recibieron una pequeña asignación mensual que entregábamos a sus cuidadores, abuelas, tías o hermanas, además de uniformes y material escolar.
También destinamos una parte de los fondos a habilitar cinco nuevas aulas que se encontraban en estado ruinoso. Una de ellas la convertimos en “Club de inglés”, donde los niños aprendían el idioma a través de juegos y canciones. En colaboración con el director, el Sr.Fekadu Etana, visitamos a varios artesanos locales y adquirimos ventanas, puertas, pupitres y pizarras. Recuerdo bien el día que inauguramos las aulas pues estábamos muy orgullosos de nuestra labor y las aulas quedaron preciosas. La escuela celebró una gran fiesta, invitamos a las autoridades y a la prensa y el evento se difundió por televisión.
En el terreno deportivo, impulsamos la creación de un equipo de futbol mixto que se llamó “Mini-Valencia F.C.” y que vestía las camisetas donadas por la Penya Valencianista per la Solidaritat. Por aquel entonces el Valencia C.F aún festejaba el doblete histórico de haber ganado la Liga española y la Copa de la UEFA de 2004.  Fue un año de éxitos y fama para el club valencianista y los etíopes son fans de los mejores clubes europeos, así que yo aprendí la alineación del equipo casi de memoria de tanto oírla repetidamente a los locales. Cada vez que me preguntaban y decía que era de Valencia, la recitaban de inmediato; Cañizares, Curro Torres, Marchena, Navarro, Angulo,...

Finalmente, quiero dejar constancia de que este entrañable proyecto es uno de los que considero mis mayores logros en el área de cooperación/educación y de los que me siento más orgullosa. En el recorrido pasaron muchas cosas que no salen en las fotos; establecimos lazos de amistad que aún perduran, cumplimos algunos de nuestros sueños, esbozamos  proyectos futuros para seguir mejorando la escuela promocionando el deporte y apoyando la escolarización de niños sin recursos. Creo de corazón que lo que hicimos en la escuela Ginjo fue muy grande ya que dimos lo mejor de nosotros mismos y recibimos a cambio un sincero reconocimiento por el empeño e ilusión invertidos… Y queda mi eterno agradecimiento a la Penya Valencianista per la Solidaritat por confiar en mí.

viernes, 17 de marzo de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE 17 DE MARZO.

Escuela de fútbol y de vida.

Me llamo Jacques, pero todo el mundo me conoce en Rimkieta por el nombre de « coach ». Rimkieta es uno de los barrios más desfavorecidos de Ouagadougou, la capital de Burkina Faso, país número 183 de 188 países en el Índice de desarrollo humano de 2015. Trabajo desde 2011 para la FAR (Fundación Amigos de Rimkieta). Soy responsable adjunto de los proyectos de “Formación y reinserción de niños de la calle” y de “Entrenamiento deportivo”, donde actualmente tenemos 102 y 80 niños respectivamente, recibiendo formación.

El entrenamiento deportivo es un proyecto que reúne a niños de 8 a 18 años alrededor de su deporte favorito, el fútbol, con el objetivo de alejarles de la calle. En Rimkieta numerosos son los niños que, a diario, cuando no están en el colegio, son susceptibles de encontrar malas compañías en la calle, que les llevan a todo tipo de peligros: robo, trabajos forzados, drogas, enfermedades, violencia, prostitución… Son niños de familias muy desestructuradas debido a la pobreza y a una grave falta de cuidado por parte de los padres. No hay nadie que les obligue y anime a estudiar y hacer los deberes por las tardes, y los niños salen a la calle, a disfrutar del “vagabundeo liberal”, en busca de la “ganancia fácil”.

El entrenamiento deportivo de la FAR es por tanto de una gran importancia porque a través del proyecto no solamente enseñamos a los chicos a jugar a fútbol sino que, además, lo hacemos con los valores deportivos y educativos que permitirán a los chicos tener un aliciente para continuar sus estudios y recibir una educación para la vida que en casa no tienen. Nuestra actividad deportiva ha sido concebida para educar deportistas con valores, a través de la cual reciben:

1.       FORMACIÓN PARA LA VIDA, en los valores a través del deporte. El entrenamiento deportivo empieza cada semana con una charla educativa a los chicos, con el objetivo de transmitirles la importancia del trabajo en equipo, el respeto a la persona y de las reglas de juego, el saber perder con buena actitud, la perseverancia, la lealtad, el afán de superación, el compañerismo, etc. Hacemos un control de la puesta en práctica de lo comentado en la charla en los entrenamientos y partidos, para asegurarnos de que lo que les estamos enseñando lo ponen en práctica y lo comentamos con los chicos poniendo ejemplos concretos vistos durante la semana, al final del entrenamiento.

2.       ENTRENAMIENTO DEPORTIVO, adaptado a las distintas categorías (“poussins”, “minimes”, “cadets” y “juniors”), dependiendo de las edades de cada chico, siguiendo las normas de la Dirección Técnica Nacional de la Federación Burkinabé de fútbol. Los chicos están felices de aprender las técnicas más profesionales del deporte y de avanzar de una categoría a otra.

3.       LA ADRENALINA DE LA COMPETICIÓN. Formamos parte de la liguilla de Rimkieta y de los barrios vecinos; los chicos disfrutan cada semana de la competición a nivel local jugando, muchas veces descalzos, en terrenos de dura tierra, la mayoría de los cuales tiene por porterías un par de piedras en el suelo.

4.       PODER JUGAR EN CAMPOS DE CESPED. También participamos en campeonatos contra equipos de grandes centros de formación y clubs de fútbol reconocidos en Burkina ¡Los niños adoran tanto estas salidas! Para empezar, es la única ocasión, para la mayoría de ellos, de salir del barrio y montar en un autobús, que alquilamos para desplazarnos en estas ocasiones especiales. Pero sobre todo, lo que más les gusta a los niños es tener la oportunidad ¡de jugar en terreno de césped real o sintético! Los niños estallan de alegría cuando les anunciamos que tenemos un partido sobre césped, incluso a pesar de ser conscientes de que difícilmente ganaremos el partido por nuestra total falta de práctica de jugar sobre este tipo de terreno.

5.       UN SUEÑO, el sueño de todos los niños, ¡convertirse en jugador profesional! Y utilizamos su sueño como triquiñuela para animar a los niños a ir al colegio y tener buenas notas, porque es indispensable que tengan buenas notas para ser admitidos en el entrenamiento deportivo de la FAR. Contrariamente a la práctica habitual de los numerosos centros de entrenamiento de fútbol de Burkina donde sólo enseñan a los niños el espíritu de la victoria y buscan futuras “estrellas del balón”, la FAR es, sobre todo, una escuela de la vida para los chicos de Rimkieta.


Una escuela de vida que este año cuenta con la ayuda de la “Penya Valencianista per la Solidaritat” para poder seguir formando deportistas profesionales con valores en Rimkieta. Desde aquí, el más profundo agradecimiento de todos los niños del proyecto junto a su “coach”!

lunes, 6 de marzo de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE. 28 DE FEBRERO.


Esta historia de la pequeña Sara nos demuestra cómo una entidad aparentemente pequeña puede conseguir sin burocracia cosas que los trámites administrativos de otras más grandes entorpecen y pueden llegar a bloquear. Los padres adoptivos de esta niña nos cuentan: “Nosotros tenemos una papelería en la localidad de Catarroja y un día de finales del año 2006 atendimos a una clienta joven que decía venir de Guinea Ecuatorial y que estaba acompañada por una niña de unos cuatro meses de edad a la que llevaba en un carrito. Nos llamó la atención ver que la niña tenía una incisión profunda y muy llamativa en la cara y después supimos que la medicina lo llama “labio leporino”, aunque esta fractura llegaba hasta bien entrado el paladar. Volvieron a la tienda en un par de ocasiones más y nos hablaron de la odisea que vivieron madre e hija para poder llegar a España en busca de una solución médica. Y es que unas monjas de Guinea le dieron una dirección donde podría encontrar la ayuda que necesitaba en España y se lanzaron a la aventura de subir a un avión endeudándose y sin saber el destino que le depararía esta historia. Ella buscó ayuda médica en Madrid en distintas entidades “benéficas” que fueron pasándose el problema de la niña unas a otras. Gracias a estas visitas a nuestra tienda fuimos conociendo más en profundidad la historia y la madre llegó a decirnos que, cuando estaba desesperada deambulando por la capital de España y pensando que no iba a obtener ayuda, viajó a Catarroja para visitar a una prima suya planeando ya el regreso a su país. Pasó el tiempo y no volvimos a saber nada de ella hasta que reapareció un día con las mejores noticias que podían esperarse. Nos contó que de forma providencial había encontrado en el mercado del pueblo a una mujer que se interesó por el problema de la niña y a la que le relató lo vivido desde su llegada a España. Cuando la mujer contó a su hijo, miembro activo de la Penya Valencianista per la Solidaritat, el encuentro en el mercado de Catarroja la maquinaria de la Penya se puso en marcha. Los médicos vinculados a la Penya hicieron que la niña fuese operada rápidamente pues no era sólo una cuestión estética sino que ese paladar hendido llevaba consigo otras patologías añadidas.
Con la niña ya operada y con sus problemas médicos casi resueltos  nos siguió visitando. Fue la última de sus visitas la que nos cambió la vida. Ella vino a despedirse y nos dijo que tenía que regresar a su país para atender a los hermanos que la niña había dejado allí pero no podía llevarse a Sara porque su tratamiento debía continuar después de la operación. Su miedo desgarrador era dejar a Sara en España pero necesitaba la mejor de las familias para que la cuidasen porque tenía pánico a perderla y no volverla a ver ya más. Al conocer la historia y la situación nosotros le ofrecimos la posibilidad de acogerla y cuidar a su hija. La emoción que vivimos fue desbordante y la Penya Valencianista per la Solidaritat documentó lo necesario para legalizar la acogida de la niña.
Sara habla ahora con frecuencia con su “madre africana”. Esta la visitó cuando la niña fue vuelta a operar hace unos cinco años, mientras que el padre vino hace tres años a conocerla. Este mismo verano fue uno de sus cuatro hermanos el que vino a conocerla. La decisión de acoger a Sara y tenerla como una hija más no fue fácil pues ya teníamos dos hijos mayores de edad y esto significaba tener que empezar de nuevo, volver a cambiar pañales, volver al parque y todo lo que conllevaba retomar hábitos con alguien de tan corta edad pues quisimos cuidar y educar a la niña como una hija más que necesitaba nuestra ayuda. Desde entonces Sara ha tenido revisiones médicas cada seis meses por toda clase de especialistas por lo que su seguimiento y progresión están garantizados. Por su carácter, los médicos le tienen mucho cariño y ella colabora mucho en sus revisiones. En su colegio tiene una conducta exquisita hacia los maestros y los compañeros, quizás porque el conocer desde el principio que su historia no había sido como la de los demás niños le ha hecho crecer en sensibilidad y respeto. Estamos orgullosos de ella”.

La Penya Valencianista per la Solidaritat quiere agradecer a Paco y Mari, los padres adoptivos de Sara, su infinita generosidad y haber sido los verdaderos protectores que la niña necesitaba. José Luis Zaragosí, Isabel Moreno y Alfredo Perales pusieron lo mejor de sí en la Penya Valencianista per la Solidaritat para que la niña recuperara su sonrisa desde la medicina más cercana.

domingo, 19 de febrero de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE. 16 DE FEBRERO.

PROYECTO NSD + EN NAZARET.

“Sabemos que no hay camino fácil que lleve a ningún sitio que merezca la pena, porque todo aquello que es digno necesita de esfuerzo, entrega y compromiso”.

Y esto es el proyecto NSD+, esfuerzo, entrega y compromiso. Esfuerzo por parte de muchos de los alumnos y alumnas del Colegio Nuestra Señora de los Desamparados que trabajan a diario por crecer y madurar como personas; entrega de los más de ciento veinte voluntarios y voluntarias que día a día aportan su ser y su todo al proyecto. Los voluntarios son un regalo para nuestros niños, voluntarios que se entregan en cuerpo y alma, que saben que ante la necesidad no solamente debemos dar algo nuestro, sino a nosotros mismos ya que éste es un modo de servir que hace humilde al que sirve. Entregándonos a nosotros mismos, nunca adoptaremos una posición desigual ante el otro, por muy dura que sea momentáneamente su situación. Y compromiso de la Penya Valencianista per la Solidaritat, compromiso de esta gran institución que quiere caminar con Nazaret ayudando a la consecución de esta iniciativa que el año que viene celebrará ya su quinto aniversario.
Y es que en los últimos años, nuestra sociedad, ha vivido una profunda  transformación social que, unida a los flujos migratorios ha conformado una población escolar heterogénea y diversa. Esta realidad nos plantea el reto de formar a todo el alumnado como futuros ciudadanos que optimicen sus capacidades y sean hábiles en sus relaciones sociales.
Para la consecución de este objetivo es imprescindible el desarrollo de medidas educativas específicas que atiendan a la compensación educativa y a la práctica de la igualdad de oportunidades para el conjunto de nuestros niños, adolescentes y jóvenes.
Con la finalidad de reducir el efecto de variables sociales y económicas sobre los rendimientos académicos y el desarrollo pleno e integral de los niños, adolescentes y jóvenes, nace el proyecto NSD+ en el Colegio Nuestra Señora de los Desamparados, una herramienta que pretende incrementar el éxito académico del alumnado así como mejorar sus habilidades sociales y personales con la esperanza de conseguir una mayor integración socioeducativa. Y si este proyecto nació y continúa dando frutos, es sin duda por la ayuda de instituciones, personas y entidades como la PVS, que en su día apostaron por él y continúan haciéndolo.
Son muchos los logros conseguidos por el proyecto. Son muchos los datos objetivos que nos indican que funciona, que tiene sentido. Son muchas las gráficas que podríamos reflejar en donde se ve con claridad y nitidez la evolución de muchos jóvenes. Pero lo que más importa sin duda, más que los números, son las microhistorias que hay detrás de ellos. No solamente se ha reducido el absentismo crónico de muchos alumnos, sino que se ha conseguido que la totalidad de los beneficiarios del proyecto cambien su percepción hacia la escuela e intenten mejorar académica y conductualmente con tal de poder participar de las decenas de actividades e iniciativas organizadas por los voluntarios. Anécdotas curiosas, pequeños gestos, historias vividas a diario nos demuestran que, gracias al proyecto, el Centro ha conseguido tener una herramienta efectiva y eficaz para poder trabajar con niños y adolescentes.
Sin duda, el Proyecto NSD+ al igual que la PVS han generado una determinada “cultura”, es decir, un conjunto de valores, procedimientos y comportamientos que estructuran las relaciones entre las personas que viven y sienten esta iniciativa. Nuevas maneras de relacionarse, historias de superación y de esfuerzo, como aquel joven que empezó como niño en el proyecto y a día de hoy forma parte de los voluntarios como entrenador de uno de los equipos, o aquella chica que gracias al tesón y acompañamiento de su tutora, consiguió aprobar todas las asignaturas, o el de aquel chico que empezó a acudir regularmente al colegio porque tenía interés en jugar al fútbol, o como  aquel niño que un día entre lágrimas dijo “ Gracias al proyecto, he vuelto a creer en mí mismo”. 


El compromiso y la solidaridad siempre implican un deseo profundo de cambiar nuestro entorno, de transformar valores, de dejar algo mejor detrás de nuestro paso por este mundo, de actuar en lo profundo y desde lo profundo. Necesitamos confiar en nuestros niños. Solamente confiando en ellos, se sentirán seguros. Y se sienten seguros actuarán, y si actúan, avanzarán, y si avanzan, tendrán futuro y generarán futuro.  Hoy todos los que leemos estas letras estamos invitados. Invitados a participar del sueño de una opción capaz de transformarlo todo. Un sueño en el que las costumbres, los estilos, las formas, el lenguaje, los gestos, y toda nuestra estructura estén al servicio de las familias y de los niños del Proyecto NSD+. Hoy todos estamos invitados a ser parte de las siglas mágicas de la NSD+ y PVS.

martes, 7 de febrero de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE. 2 DE FEBRERO.


El balón, la excusa ante la violencia.
Desde hace unos cuantos años la inseguridad, la violencia y el delito constituyen uno de los principales problemas de la ciudad de Lima. La violencia juvenil, expresada en pandillas violentas y “barras bravas” (ultras del fútbol), ha pasado a ser un ingrediente importante de inseguridad ciudadana. Las pandillas y las “barras bravas” están íntimamente relacionadas. La existencia de estos grupos perturba la convivencia ciudadana y la pertenencia a una pandilla puede convertirse en el primer peldaño de la carrera delictiva y, a veces,  los pandilleros pueden ser utilizados como mano de obra barata del crimen organizado. Las pandillas y las “barras bravas” son, además, expresión de los problemas familiares, de la escuela y de la sociedad.
A comienzos de los años 90 en el distrito El Agustino (190.000 habitantes) de la ciudad de Lima había treinta y seis pandillas violentas que con frecuencia se enfrentaban entre ellas y causaban destrozos y zozobra en la población. Además, sus integrantes se dedicaban al robo y consumían algún tipo de droga. Muchos de los enfrentamientos entre pandillas, en los que ha habido muertos, han estado relacionados con el fanatismo en el fútbol o la identificación histérica con los colores de uno u otro equipo.
Los adolescentes y jóvenes integrantes de pandillas provienen, en su gran mayoría, de familias desestructuradas, con grandes problemas de violencia familiar interna, abusos y abandono. Se puede suponer que, partiendo de esa situación familiar, cuando ingresan en el colegio siendo niños van a tener problemas de aprendizaje, adaptación, integración, etc… y el sistema educativo peruano, además de muchas otras deficiencias, no está preparado para recibir a chicos y chicas con problemas. Como resultado de esto, tarde o temprano, muchos desertan del sistema educativo o son expulsados por ser “niños malos”. Lo que queda es la calle. Y, en la calle, la pandilla que pasa a ser su “familia” porque acoge, protege, es solidaria…
En el Agustino trabajamos por convertir estas pandillas violentas en asociaciones juveniles (Martin Luther King, Mandela, Gandhi, Tupac Amaru, Che Guevara…) con ofertas educativas, de empleo y deportivas para que los jóvenes puedan encontrar un “nuevo horizonte en sus vidas”. En El Agustino gracias a esta labor se consiguió erradicar las pandillas violentas y mejorar la seguridad ciudadana y la convivencia. El deporte, en concreto el fútbol, ha resultado ser uno de los caminos más efectivos para la convocatoria y la formación de los muchachos.
Al poco tiempo de constituirse la Asociación Martin Luther King de ex -pandilleros, se creó el club Deportivo M.L.K. Para comenzar este trabajo deportivo conseguimos un entrenador, Marcelino Torres quien, además de ser un buen técnico, era, sobre todo, un gran educador que llegó a entrar en la vida de los muchachos. Este fue el comienzo para entender que el deporte podía ser y lo fue un instrumento privilegiado para trabajar todas las carencias que traían los chicos provenientes de las pandillas: normas, disciplina, relación con la autoridad, trabajo en equipo, autoestima, superación de la frustración ante la derrota…
Y así fue como “Chiqui” (José Ignacio Mantecón sj), sacerdote jesuita que lleva viviendo y trabajando en El Agustino más de treinta años y actualmente es asesor para la educación y rehabilitación de jóvenes en toda Sudamérica y Premio Nacional por la Paz en 2015, empezó a trabajar con los más pequeños como una forma de prevenir una futura vida de violencia. Creamos la Escuela Socio-deportiva “Martin Luther King” en la que participan niños y niñas de 5 a 17 años. En la Escuela Socio Deportiva M.L.K. nuestro lema es: “El balón como excusa, la felicidad como objetivo”.  Es admirable ver de qué manera estos niños y niñas van cambiando sus actitudes, mejorando su autoestima, su relación con los otros compañeros y su vida de familia. Entendemos el deporte no solo como actividad recreativa y competitiva sino como un camino para fortalecer la formación integral de la persona. Por eso tratamos de que nuestros entrenadores y entrenadoras sean a la vez formadores que acompañen el proceso personal de los niños, niñas y adolescentes. Tratamos de formar buenos deportistas pero sobretodo buenas personas actuando en la inclusión social de los sectores más marginados de nuestra sociedad.
Pero, además de todo esto, es preciso involucrar a dos actores fundamentales para el cambio que pretendemos se de en la persona y la sociedad: la familia y la comunidad. Necesitamos que la familia entienda que el deporte es parte imprescindible del desarrollo de sus hijos e hijas y comparta nuestros valores y que los vayan integrando en la vida familiar. Por eso, paralelamente, tenemos tiempo para la formación de los  papás y las mamás de nuestra Escuela Socio Deportiva y espacios para que papás, mamás, niños, niñas, adolescentes y entrenadores-educadores practiquen deporte conjuntamente. Por otra parte, es importante que la comunidad se apropie de los espacios públicos deportivos y llegue a considerarlos espacios de formación para sus vecinos.

Gran parte de este trabajo ha sido posible gracias a la colaboración que en 2008 dio la “Penya Valencianista per la Solidaritat”. Con su aporte pudimos poner las bases para construcción de lo que hoy es el Estadio Municipal de El Agustino donde desarrollamos nuestras actividades deportivas. La Penya supo entender la importancia de esta manera de hacer deporte con contenido social y educativo. 

lunes, 23 de enero de 2017

SERIE SOLIDARIA SUPERDEPORTE. 20 DE ENERO.

PARTIDO CONTRA LA POBREZA.
Desde hace unos cuantos años la inseguridad, la violencia y el delito constituyen uno de los principales problemas de la ciudad de Lima. La violencia juvenil, expresada en pandillas violentas y “barras bravas” (ultras del fútbol), ha pasado a ser un ingrediente importante de inseguridad ciudadana. Las pandillas y las “barras bravas” están íntimamente relacionadas. La existencia de estos grupos perturba la convivencia ciudadana y la pertenencia a una pandilla puede convertirse en el primer peldaño de la carrera delictiva y, a veces,  los pandilleros pueden ser utilizados como mano de obra barata del crimen organizado. Las pandillas y las “barras bravas” son, además, expresión de los problemas familiares, de la escuela y de la sociedad.
A comienzos de los años 90 en el distrito El Agustino (190.000 habitantes) de la ciudad de Lima había treinta y seis pandillas violentas que con frecuencia se enfrentaban entre ellas y causaban destrozos y zozobra en la población. Además, sus integrantes se dedicaban al robo y consumían algún tipo de droga. Muchos de los enfrentamientos entre pandillas, en los que ha habido muertos, han estado relacionados con el fanatismo en el fútbol o la identificación histérica con los colores de uno u otro equipo.
Los adolescentes y jóvenes integrantes de pandillas provienen, en su gran mayoría, de familias desestructuradas, con grandes problemas de violencia familiar interna, abusos y abandono. Se puede suponer que, partiendo de esa situación familiar, cuando ingresan en el colegio siendo niños van a tener problemas de aprendizaje, adaptación, integración, etc… y el sistema educativo peruano, además de muchas otras deficiencias, no está preparado para recibir a chicos y chicas con problemas. Como resultado de esto, tarde o temprano, muchos desertan del sistema educativo o son expulsados por ser “niños malos”. Lo que queda es la calle. Y, en la calle, la pandilla que pasa a ser su “familia” porque acoge, protege, es solidaria…
En el Agustino trabajamos por convertir estas pandillas violentas en asociaciones juveniles (Martin Luther King, Mandela, Gandhi, Tupac Amaru, Che Guevara…) con ofertas educativas, de empleo y deportivas para que los jóvenes puedan encontrar un “nuevo horizonte en sus vidas”. En El Agustino gracias a esta labor se consiguió erradicar las pandillas violentas y mejorar la seguridad ciudadana y la convivencia. El deporte, en concreto el fútbol, ha resultado ser uno de los caminos más efectivos para la convocatoria y la formación de los muchachos.
Al poco tiempo de constituirse la Asociación Martin Luther King de ex -pandilleros, se creó el club Deportivo M.L.K. Para comenzar este trabajo deportivo conseguimos un entrenador, Marcelino Torres quien, además de ser un buen técnico, era, sobre todo, un gran educador que llegó a entrar en la vida de los muchachos. Este fue el comienzo para entender que el deporte podía ser y lo fue un instrumento privilegiado para trabajar todas las carencias que traían los chicos provenientes de las pandillas: normas, disciplina, relación con la autoridad, trabajo en equipo, autoestima, superación de la frustración ante la derrota…
Y así fue como “Chiqui” (José Ignacio Mantecón sj), sacerdote jesuita que lleva viviendo y trabajando en El Agustino más de treinta años y actualmente es asesor para la educación y rehabilitación de jóvenes en toda Sudamérica y Premio Nacional por la Paz en 2015, empezó a trabajar con los más pequeños como una forma de prevenir una futura vida de violencia. Creamos la Escuela Socio-deportiva “Martin Luther King” en la que participan niños y niñas de 5 a 17 años. En la Escuela Socio Deportiva M.L.K. nuestro lema es: “El balón como excusa, la felicidad como objetivo”.  Es admirable ver de qué manera estos niños y niñas van cambiando sus actitudes, mejorando su autoestima, su relación con los otros compañeros y su vida de familia. Entendemos el deporte no solo como actividad recreativa y competitiva sino como un camino para fortalecer la formación integral de la persona. Por eso tratamos de que nuestros entrenadores y entrenadoras sean a la vez formadores que acompañen el proceso personal de los niños, niñas y adolescentes. Tratamos de formar buenos deportistas pero sobretodo buenas personas actuando en la inclusión social de los sectores más marginados de nuestra sociedad.
Pero, además de todo esto, es preciso involucrar a dos actores fundamentales para el cambio que pretendemos se de en la persona y la sociedad: la familia y la comunidad. Necesitamos que la familia entienda que el deporte es parte imprescindible del desarrollo de sus hijos e hijas y comparta nuestros valores y que los vayan integrando en la vida familiar. Por eso, paralelamente, tenemos tiempo para la formación de los  papás y las mamás de nuestra Escuela Socio Deportiva y espacios para que papás, mamás, niños, niñas, adolescentes y entrenadores-educadores practiquen deporte conjuntamente. Por otra parte, es importante que la comunidad se apropie de los espacios públicos deportivos y llegue a considerarlos espacios de formación para sus vecinos.
Gran parte de este trabajo ha sido posible gracias a la colaboración que en 2008 dio la “Penya Valencianista per la Solidaritat”. Con su aporte pudimos poner las bases para construcción de lo que hoy es el Estadio Municipal de El Agustino donde desarrollamos nuestras actividades deportivas. La Penya supo entender la importancia de esta manera de hacer deporte con contenido social y educativo.